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reflexiones

Amigo, amiga... pensando en este último tiempo, me preguntaba si alguna vez viviste un tiempo en que las estrellas no brillaban. Hay situaciones en la vida de todos nosotros en que las estrellas ya no brillan. Imagino a Abraham cuando tuvo que llevar a su hijo al sacrificio, subía rumbo al altar que él había hecho con sus manos, al lugar del encuentro donde una y otra vez había hablado con Dios, donde muchas veces su mano se alzó para ofrecer al cordero del sacrificio... Ahora ese cordero era su propio hijo.

Todo ese tiempo de ascenso al monte de Dios, las estrellas no brillaron para Abraham. Me han tocado vivir tiempos en que mis estrellas no brillaron... ¿Te pasó alguna vez? Son esos momentos en que todo parece oscurecerse, en que las decisiones que hay que tomar parecen ir en contra de todo lo que alguna vez sentimos y pensamos que Dios nos dijo. Como Abraham, todo su ministerio se basaba en su hijo, la palabra de Dios había sido: "te daré una descendencia como las estrellas de los cielos y la arena del mar". Ser padre de multitudes dependía de ese niño que llevaba a sacrificar. Su llamado y su ministerio estaban subiendo hacia la muerte, y lo más tremendo es que él llevaba sus promesas y su propio ministerio dado por Dios al altar del sacrificio.

Me pregunté muchas veces si estaría dispuesto a llevar mi ministerio al altar del sacrificio. Si sería capaz de ponerlo en la roca del pacto y sacrificarlo por obediencia aún cuando eso significara que aparentemente deje de existir... Me di cuenta que no es fácil y que ese es el momento en que las estrellas dejan de brillar y cuando miré hacia atrás en el reloj  de mi vida, pude detectar esos momentos de oscuridad en que todo estaba sin luz y me di cuenta que también fueron momentos en donde consciente o inconscientemente, mi vida se enfrentaba al altar del sacrificio.

Tal vez te encuentres hoy en un momento de oscuridad y no veas ninguna estrella brillar. Quizás pienses que Él se olvidó de ti, o que nada de lo que creíste oír era cierto, pero tal vez y sólo tal vez... estés delante del altar de tu sacrificio, el sitio donde Dios pone a prueba tu confianza en Él,  el lugar donde la decisión no pasa por la razón, sino sólo por la obediencia.

Debes transitar el camino de la confusión sólo creyendo en una promesa y una palabra que quizás llegó a ti hace ya mucho tiempo...

Amigo, amiga... yo estuve allí muchas veces. Sí, aunque no lo creas...

No te puedo dar consejos sobre esos momentos, sólo puedo compartir contigo lo que hice. ¿Sabes que hice? Creí y continué andando a veces a ciegas y a tientas, como en el lugar santísimo hacía el sacerdote hasta que la gloria iluminaba el sitio... o le quitaba la vida.

Quizás no sea una buena respuesta pero es lo que hice y sólo me paré sobre la roca de la confianza cada vez analizaba mi corazón y no pocas veces me encontré con pequeñas piedras de tropiezo que tuve que quitar para darme cuenta que aun allí, en esos momentos donde ninguna estrella brillaba, el eterno amor de Dios me cubría y sustentaba para enseñarme que las nubes que oscurecen las estrellas son pasajeras.

Si sigues caminando en la obediencia, aunque tus estrellas no brillen llegará el alba para decirte que Él es tu Sol de Justicia... ¡Confía...!

Sólo otro pensamiento...